Lo reconozco: de pequeña nunca me gustaron mucho los libros de Teo. Creo que es porque cuando los leí por primera vez era un poco más mayor que el público al que va dirigido y me parecieron demasiado "didácticos", de esos libros en los que queda muy claro que son para aprender cosas más que para contar historias, divertirse, imaginar aventuras, si es que los títulos ya lo dicen todo: Teo en la granja, Teo en la nieve, Teo tiene un hermanito... Así que le cogí un poco de manía a pesar de que le reconozco grandes virtudes.
El caso es que, pese a mis recelos iniciales, me decidí a comprar uno de sus títulos en un ataque de gula y, he de admitir que me ha venido muy bien, así que tengo que reconocer sus buenas cualidades y estar agradecida.
Hay veces que, cuando visito una librería o la sección de libros de unos grandes almacenes, tengo una enorme sensación de gula, como si estuviese en una pastelería o en un restaurante donde hay cosas muy ricas para comer y no pudiese decidirme. Pero no es sólo una forma de hablar, es que lo noto de verdad: me pongo ansiosa, no puedo decidirme, miro y remiro todo mil veces. Creo que hasta salivo. El día que compré Teo en el parque natural fue uno de esos días.
Fue en la sección de literatura infantil de unos grandes almacenes, con Chiquitín, que todavía iba en el carrito de bebés durante los días previos a la Navidad (diciembre de 2012). Así que compré varios libros, tres o cuatro, entre ellos Teo en el parque natural, y decidí guardarlos e irlos sacando poo a poco.
Para variar no recuerdo cuando se lo di a Pequeñita, o si fue ella quien una vez más lo descubrió rn su escondite.
Una gran ventaja que le reconozco, y que me gustaría que otros libros lo incluyesen, son las guías que incluye al final del libro comentando cada una de las páginas para sacarle más partido. Me gustaría hasta para algunos libros de adultos.
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