martes, 24 de junio de 2014

No dejan de sorprenderme

Es verdad que los niños son impredecibles y sorprendentes, yo no dejo de asombrarme con Pequeñita y Chiquitín (Diminuta aún es pequeña). Entre los motivos de asombro es la capacidad de retener en la memoria datos que creería imposibles, claro, y también la facilidad de olvidar otros muchos que se les han repetido millones de veces. Creo que hace no mucho he leído algo sobre esto.

No importa cuantas veces les repita que se cambien de ropa nada más llegar a casa, que no se peleen, que hay que cruzar de la mano... no hay manera, pero si viene su tía hace un año justo, montamos en metro, comemos fuera y vamos a un concierto... se acordará perfectamente de que a la salida del concierto le dieron una chapa que no habían vuelto a ver desde entonces. ¡Qué tía! Esta es Pequeñita.

Esto me ha pasado hace un momento. Y hace un momento también, hemos estado leyendo un cuadernillo con el cuento de El sastrecillo valiente que, como no me gusta mucho, creo que lo leímos una vez hace cosa de un mes, y me he saltado una página. Ya me parecía que sonaba un poco raro... pero como la versión tampoco es para echar cohetes... pues tampoco he puesto mucha atención. Pues al instante Pequeñita me ha regañado por pasarme la hoja en la que la gente va por la calle.

Con En busca del beso ocurre algo parecido: hay una frase que se repite en algunas páginas, y claro, se la sabe de memoria, pero es que también se sabe de memoria una de las páginas más divertidas... hace varias semanas que no leemos este libro y ayer mismo me la recordó.

Y Chiquitín, lo mismo, terminando las frases de sus cuentos favoritos.

Y como estas, mil.

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